Consideremos una aplicación de vida: desayunar. Supongamos que tu desayuno consiste en cereales que compraste en el supermercado. ¿Por qué el cereal estaba ahí?, ¿por qué los colores?, ¿por qué la textura?… Todo ese tipo de decisiones corresponden a la Administración de operaciones (Operations Management, OM), que es el proceso de producir, transformar y enviar efectivamente un producto o servicio.

En concreto, lo que hay detrás de todo esto es un esquema modelo que muestra lo que hace una empresa a partir de los materiales y sus procesos hasta lograr un producto terminado, es decir, listo para consumir. Mostrando así, las relaciones de tareas y actividades de una organización cualquiera.

La sumatoria de esos procesos de transformación es la Cadena de valor, que es un modelo creado por Michael Porter, que explica el desarrollo de las actividades (o procesos) hasta llegar a crear valor, que es lo que percibe el cliente. Su modelo de cadena de valor genérica muestra los procesos de una empresa y dentro de cada uno se ve qué ocurre y cómo se relaciona con el otro.

Definir y administrar la cadena de valor es una de las actividades más importantes de OM. Segmenta los procesos en dos tipos: primarios que refieren a lo que hace una empresa en la creación concreta del producto a ofrecer y secundarios (o de apoyo) que no tienen que ver con la creación del producto, pero facilitan la ejecución de esto; siendo transversales a la organización.

El desafío, que da conducción a futuros análisis y distintas metodologías de optimización de procesos, es la minimización de costos o recursos y la maximización de la creación de valor. Que en concreto, es hacer las cosas bien de manera científica y respaldada.

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